”La felicidad agrupa, pero el dolor reune” A. Bougeard




Cuando se vive el dolor de la pérdida de un ser querido se pasa por una especie de muerte. Sufren una serie de sentimientos como intensa tristeza, ira, negación, introversión y culpa que perturban en gran manera sus emociones.

Son personas que necesitan el apoyo de familiares y amigos en estos difíciles momentos. Deben conocer que son naturales y normales todos estos desequilibrios interiores que les dominan.

Esta conmoción acaba desapareciendo sustituida por una profunda conciencia de la inmensidad de la pérdida y con el tiempo se resuelve en un estado de recuperación y equilibrio.

Puede ir repitiéndose la pauta una y otra vez durante un año o dos hasta que llega un día a su fin transformándose en aceptación.

No se debe de intentar acortar el periodo normal de este proceso. Mal favor hacemos si insistimos en que todo vuelva a la normalidad a los pocos meses del fallecimiento.

En el caso de muertes repentinas es importante que los familiares vean el cuerpo, en caso contrario puede dificultarse enormemente la aceptación posterior de los hechos.

Incluso sentarse al lado del fallecido y decirle lo que tengan que decirle, expresarle su amor y despedirse. Muchas veces se necesita decir palabras y expresar sentimientos que no fuimos capaces de manifestar en vida del ser querido.

En ocasiones tendremos que ayudar a la persona afectada y que manifiesta un tremendo sentimiento de ira, a descubrir el dolor que se esconde tras esa emoción pero sin tratar de reprimirla, dejándola manifestar.

Con frecuencia queda una intensa sensación de culpa y el familiar repasa una y otra vez los errores cometidos en su relación. Incluso se tortura pensando que si hubiera actuado de otra manera le podría haber evitado la muerte.

Nuevamente podemos ayudar a que estos sentimientos se manifiesten, por irracionales y absurdos que parezcan. Poco a poco la culpa irá disminuyendo y el sobreviviente llegará a perdonarse.


Duelos patológicos:

En ocasiones las alteraciones referidas duran mas de lo normal o aparecen otro tipo de características que nos obligan a solicitar la intervención de ayuda especializada.

- Duelo delirante: para el sobreviviente el difunto sigue estando vivo. Suele traducir la propia angustia ante la muerte.

- Duelo melancólico: la depresión es más intensa o dura mas de la habitual.

- Duelo maníaco: el dolor se considera inútil. Afirma que la muerte no tiene ninguna importancia.

- Duelo obsesivo: se hace muy intenso el sentimiento de culpa.

- Duelo histérico: se identifica con el difunto, incluso trata de parecerse a él.