”Sólo el hombre que no teme a la muerte ha dejado de ser esclavo” Montaigne




Distintas filosofías aconsejan:

- Tapar los espejos de la casa y no cambiar los objetos del fallecido de sitio, salvo que él expresamente lo hubiera indicado durante los siguientes cincuenta días tras el fallecimiento.

- Rezar y recordarle con amor y ternura es importante para los que piensan que pasó a otra dimensión. Nunca recordarlo con dramatismo y llantos, puede ser tarea difícil, pero podemos perjudicarlo en su evolución.

- Cumplir los deseos que hubiera manifestado en vida acerca de sus posesiones. A veces compromisos que hemos adquirido con el moribundo en vida. No deberíamos comprometernos en cosas carentes de lógica o que sepamos no vamos a cumplir.

- Hay teorías que defienden que la mejor preparación para la muerte es la que nosotros podemos realizar en vida desarrollando nuestras capacidades humanas. Manteniendo una ética que incluya la amabilidad, la facilidad en el perdón, la ayuda a los demás, el saber escuchar y que excluya matar, hacer daño, robar, mentir, intoxicarse, ...De esta manera conseguiremos mayor paz, equilibrio y felicidad en los últimos momentos. A la vez que mejoramos el “más acá” no pensando sólo en el “más allá”.

- El estado mental que predomine en nuestra vida será el que se amplifique a la hora de nuestra muerte determinando el grado de paz y sosiego en estos momentos.

- Tratar de conseguir siempre un ambiente sereno y tranquilo alrededor del moribundo. No dar chillidos ni llorar en su presencia. Si algún familiar siente necesidad de hacerlo, es mejor retirarse a otra habitación.

- No tener cerca en el momento de morir objetos o animales que nos provoquen gran rechazo o atracción.

- No tocar al fallecido durante el tiempo que sea posible (ideal tres días). Si fuera imprescindible su manejo, iniciar dicho contacto con golpecitos o tironcitos de pelo en la parte alta de la cabeza.