”El alma del creyente fallecido permanecerá encadenada hasta que sus deudas económicas sean saldadas”. Profeta Muhammaad según el Imán Ahmad




Generalidades:

El comienzo de la vida para un musulmán es la difusión del alma en el embrión humano. La muerte la considera como un suceso triste y penoso, pero no catastrófico.

La filosofía musulmana, dada su condición de doctrina basada en la justicia y la equidad, condiciona la salvación a la obra y actitud personal de cada ser viviente a lo largo de su vida mundana.

El hecho de ser musulmán no se considera un salvoconducto al paraíso. Tras la muerte física habrá un juicio y un veredicto con una condena justa o un premio merecido.

Es necesario que cada uno organice su propia muerte para que esta sea lo menos traumática posible para uno mismo y los seres queridos. Se deben saldar cuentas, despedirse de la familia, documentar el testamento,...

Se da gran importancia a tres hechos cuyos beneficios pueden ser de gran utilidad al difunto en la siguiente vida:

- Haber realizado una obra benéfica.

- Haber dejado un legado cultural para la comunidad.

- Tener un hijo virtuoso que implore la clemencia divina para con sus padres.

Además, existirá un testamento en el que, al menos, se recogerán las deudas a favor y en contra y la división equitativa de la herencia entre los herederos, de acuerdo a los preceptos islámicos establecidos.

La Jurisprudencia Islámica recoge con claridad los puntos a tener en cuenta en el testamento acerca de los herederos forzosos, deudas, división de herencias, libre disposición, usufructo, periodo de espera (‘Idda) de la viuda antes de casarse por si estuviera embarazada,...


Cuidados al moribundo:

Es preferible que el moribundo esté rodeado de sus parientes más cercanos y queridos para escuchar sus últimos deseos, tranquilizarlo y animarlo.

Puede ser beneficioso para el moribundo, sin ser expresamente exigible por la Jurisprudencia Islámica:

- Orientar al moribundo hacia la Quibla (Meca).

- Recitar versículos del Generoso Corán. En el momento de la muerte se le puede susurrar al oído “No existe ningún otro dios que no sea Alá y Mahoma es su profeta”.

- Mencionar la Profesión de Fé (Shahada) en voz baja.

- Despojar al agonizante de joyas, anillos y amuletos (sólo en algunos países) para facilitar el paso al reino de las sombras.

Tras el último suspiro, que es cuando el alma abandona el cuerpo, alguno de sus allegados, musulmán, deberá:

- Subir la mandíbula.

- Cerrar sus párpados.

- Cubrir el cadáver con un trozo de tela. Se tapa la cara para evitar la mirada afligida de los familiares que le aferra a la vida.

Hay que informar de su muerte y cumplir sus últimos deseos mientras no estén en contra de los principios islámicos.


Atenciones posteriores: (a grandes rasgos)

- Ablución funeral (Gusul): se baña al difunto siguiendo las reglas islámicas. Si esto no fuera posible se recurre al “Taiammum” o ablución seca.

- Amortajamiento: se precisan tres paños blancos para el hombre y dos paños más otras tres piezas en el caso de una mujer. Los paños serán nuevos pero de tela normal y corriente.

Terminada esta fase, se deposita el cadáver dentro de un féretro que tampoco será caro.

No es costumbre islámica el uso de cirios ni velas.

- Plegaria fúnebre: al igual que el amortajamiento se define como un FARD KIFAIA o deber de la comunidad. Se realiza de pie, tiene una serie de fases y se considera un requisito indispensable

- Cortejo fúnebre: es recomendable acompañar al difunto hasta que sea enterrado y rezar por su alma.

Es digno para los acompañantes realizar un examen de conciencia ante el significado de la muerte.

El traslado de los restos de un fallecido a otra ciudad es un hecho reprobable.

- Inhumación: se realizará sin el féretro. Hay que procurar que la cabeza quede inclinada a la derecha y mirando a la Meca.

No se aprueba la incineración, donaciones de órganos, ni, en principio, las necropsias.

También se desaprueban las bóvedas y tumbas monumentales.

Todas estas restricciones mencionadas nos hablan de que el Islam orienta siempre hacia lo práctico y útil, respetando los recursos de la tierra y dedicándolos al bien común. Todo gasto innecesario dedicado a un muerto perjudica a los vivos.