”Mi religión es vivir y morir sin remordimientos” Milarepa




Toda nuestra existencia queda determinada por los cinco elementos: tierra, agua, fuego, aire y espacio. Por ellos se forma y sostiene nuestro cuerpo. Al disolverse los aires (energía) que sustentan dichos elementos, morimos.

En este proceso de morir hay dos fases de disolución:


Disolución externa:

Se disuelven los sentidos y los aires que sustentan los elementos. Los sentidos dejan de funcionar. Oímos voces pero no distinguimos las palabras, vemos formas pero no apreciamos los detalles,... en este momento se dejan de experimentar plenamente los sentidos, ha empezado la primera fase del proceso de disolución.


1-Disolución del elemento tierra:

El cuerpo empieza a perder fuerza, tenemos la sensación de caer o de sentirnos aplastados por un peso. Cuesta trabajo moverse. La mente se hunde en la somnolencia teniendo una impresión similar a la de ver un espejismo. Se disuelven las formas.


2-Disolución del elemento agua:

No controlamos los líquidos corporales. Nos puede chorrear la nariz, la saliva, llorar los ojos,... a la vez hay sensación de sed. Las sensaciones del cuerpo disminuyen alternando dolor y placer, frío y calor... La mente se vuelve brumosa y tiene la sensación de apreciar torbellinos de humo.


3-Disolución del elemento fuego:


S
e nos secan las mucosas de la nariz y la boca. Se va perdiendo calor, por lo general, desde las extremidades al tronco. Vamos perdiendo la percepción oscilando la mente entre la claridad y la confusión. Se tiene la sensación de ver chispas revoloteando en la oscuridad.


4-Disolución del elemento aire:


Nos es difícil respirar. El cuerpo queda inmóvil y perdemos la conciencia del mundo exterior. La mente tiene la impresión de ver una antorcha llameante o una luz al final de un túnel. En este momento es cuando se nos declararía clínicamente muertos.

- Todo este proceso puede durar desde unos segundos en la muerte brusca a unos veinte minutos en la más lenta. Parece que se viven estas disoluciones con gran paz y sosiego si se ha llevado una vida amable y compasiva.


Disolución interna:

Se disuelven los estados de pensamiento y las emociones en un proceso inverso al que sucedió en nuestra concepción.


5- La percepción se vuelve extraordinariamente clara

Y los treinta y tres estados de pensamiento que derivan de la ira llegan a su fin. Se tiene la impresión de contemplar un espacio puro iluminado por la luna.


6- Los cuarenta estados de pensamiento...


...
que derivan del deseo desaparecen. Impresiona la visión rojiza, como una puesta de sol.


7- Los siete estados de pensamiento...

...
derivados de la ignorancia y el engaño se disuelven.La mente tiene la sensación de oscuridad total y de encontrarse atrapada.


8- Se empieza a recobrar la conciencia...

...
y se tiene la impresión de un gran espacio totalmente despejado de obstáculos y luminoso.

Los maestros budistas dan gran importancia a saber reconocer este momento pues es cuando nos encontramos con la verdadera naturaleza de nuestra mente tras haberse disuelto todo lo que la oscurecía.

Si somos capaces de reconocer este estadio y permanecer en él se puede conseguir la liberación. Si el miedo nos aferra a lo que hemos dejado, la conciencia puede, más adelante, reencarnar en otro ser.

En estas dos opciones influye nuestro comportamiento ético durante la vida.

La fase de disolución interna puede durar unos tres días. Al parecer, finaliza cuando sale una gota de líquido por las fosas nasales. En este momento la conciencia sale del cuerpo. Es muy importante no mover o tocar el cuerpo hasta entonces y mantenerlo en lugar tranquilo sin llantos ni estridencias de familiares y conocidos.

Puede ayudar el dar unos golpes o tirones suaves del pelo a la altura de la coronilla.
Podemos practicar este proceso en vida para familiarizarnos con él. Durante el sueño se suceden todas estas fases de una forma natural.

La forma ideal de morir es habernos desprendido de todo, interna y externamente de modo que a la mente le quede el mínimo apego a que agarrarse en ese momento.

Es positivo previamente hacer planes para desprendernos de todos nuestros bienes para evitar rencillas posteriores en nuestros herederos que puedan preocuparnos en otra dimensión.

El ambiente que rodee al moribundo en el último momento ha de estar libre de toda tensión, llanto o expresión exagerada de sufrimiento pues puede ser muy perjudicial para el moribundo.

La conciencia, en su plano muy sutil, continúa su evolución sin el cuerpo y pasa por una serie de estados que se llaman “bardos”.